Sueño de país

No hay que darle tantas vueltas: el tabloide que está siendo sometido a consulta popular desde el pasado 15 de junio y hasta el 20 de septiembre con dos textos emanados del VII Congreso del Partido es un documento denso. Denso y difícil de comprender para un ciudadano no avezado en abstracciones y estrategias.

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La suerte, al menos para mí, es el glosario que le encasquetaron al final y hace las veces de tabla salvadora para quienes no chocan a diario con términos especializados como sociedad civil socialista, deuda pública, políticas macroeconómicas, prospectiva, formación bruta de capital…

Sin embargo, muy a pesar del intenso ejercicio de concentración que demanda, un cubano medianamente interesado en el país donde vive y, sobre todo, en el que vivirá los próximos años, tiene el deber cívico de desmontar cada párrafo y buscarle la quinta pata al gato de la nación que se le propone en dos documentos: Conceptualización del modelo económico y social cubano de desarrollo socialista y Plan nacional de desarrollo económico y social hasta 2030: Propuesta de visión de la nación, ejes y sectores estratégicos.

Sobre qué principios se sustentaría la Cuba idílica, cuáles serían sus relaciones de propiedad sobre los medios de producción, quién llevaría las riendas de su economía y los ejes de su política social trata, esencialmente, el primero de los textos, que establece los límites del socialismo próspero y sostenible perfilado en el Congreso del Partido.

Un punto particularmente álgido del debate, al menos en el entorno mediático, ha sido el reconocimiento de la propiedad privada como una de las principales formas de propiedad sobre los medios de producción que, si bien cumple una función social y desempeña un rol complementario, viene a ratificar lo que ya está sucediendo efectivamente en la práctica bajo el nombre de trabajo por cuenta propia.

Se han incluido dos tipos de emprendimientos en la conceptualización del modelo: pequeños negocios realizados en lo fundamental por el trabajador y su familia, y empresas privadas de mediana, pequeña y micro escalas, según el volumen de la actividad y cantidad de trabajadores, reconocidas como personas jurídicas. Estas dos modalidades de la propiedad privada, pese a que fueron aprobadas en el Congreso, no aparecen refrendadas en la Constitución de la República, según han señalado los juristas, con lo cual ahora mismo operan en la praxis pero no tienen un reflejo coherente en la ley de mayor jerarquía con que cuenta el país.

Si algo queda claro en la conceptualización del modelo es su carácter dinámico y flexible, pues en él caben no solo los resultados graduales, sino también la evaluación sistemática y rectificación, si hiciera falta, de los rumbos torcidos, de lo que pudiera no funcionar bien. Para ello, como dijera el propio Raúl, se impone que los cuadros y funcionarios tengan los oídos pegados a la gente y los pies bien puestos sobre la tierra.

Solo así, con un modelo de desarrollo cuya piedra angular sea el consenso, se podrá erigir la isla que el segundo de los documentos dibuja para los años venideros, un diseño de nación que pueda definirse como “soberana, independiente, socialista, democrática, próspera y sostenible”.

Las estrategias, objetivos y acciones generales que en materia económica, social y política han sido concebidas para orientar el progreso conforman el Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta 2030, el cual constituirá, según el documento, la herramienta principal para hacer cumplir la conceptualización del modelo y para encauzar la planificación socialista de la economía. En otras palabras: el plan de marras, si se cumple al pie de la letra, debe evitar los bandazos y las improvisaciones en la gestión gubernamental.

Falta que venía haciendo, sobre todo si se tienen en cuenta los cambiantes vientos internacionales que soplan ora a favor, ora en contra, y cuyos efectos pudieran sentirse como brisa o como huracán categoría cinco en dependencia del desarrollo endógeno que Cuba sea capaz de agenciarse.

Más allá de los 581 párrafos metódicamente enumerados y de las reuniones de debate a posteriori que transcurrirán en pleno período estival, el proceso de discusión de los documentos calificará como exitoso si a la postre cada ciudadano —militante del Partido o no— hace coincidir ese sueño de país con su proyecto personal de vida.

Gisselle Morales

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