El invierno que viene

“Winter is coming”, dicen con insistencia los personajes de Juego de tronos, la serie que tiene a medio mundo con el corazón en la boca y de la que, francamente, apenas he visto escenas, avances, frases dispersas; fragmentos que, sin embargo, me han bastado para comprender la metáfora del invierno que viene.

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Repiten con frecuencia cíclica “winter is coming”, un símbolo atmosférico con el que anuncian calamidades aún mayores y el recrudecimiento de lo que ya parecía hostil. “Winter is coming” resume entonces lo que en mi barrio se conoce con una expresión menos artística pero definitivamente más pintoresca: “Por mala que esté la situación, siempre puede empeorar”.

No sé en ese mundo imaginario que describe la serie, pero en este, nuestro mundo real, la amenaza no es climatológica, por más que estemos en franca temporada ciclónica. Y tampoco puede llamársele amenaza, porque cuando vinimos a ver el dinosaurio ya estaba aquí. El dinosaurio de la austeridad, para sonar a periódico europeo.

Que “en el segundo semestre, Cuba enfrentará restricciones en la economía, lo cual conlleva a la toma de un grupo de medidas” es una realidad que, cuando fue reconocida por Marino Murillo Jorge en la más reciente sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular, llevaba rato dando vueltas de boca en boca, porque la gente trabaja en centros cuyos presupuestos han sido recortados bruscamente y vive en comunidades donde los apagones —en sus variantes lingüísticas de interrupciones, averías y vías libres— han emergido con un mal recuerdo que uno hubiese preferido olvidar.

Según el propio Murillo Jorge, ministro de Economía y Planifica­ción, entre las causas que han tensionado la disponibilidad de divisas del país figuran la caída de los precios del petróleo y el níquel, los incumplimientos de la producción azucarera y de los ingresos previstos en el plan. Y me fijo que dice “entre las causas”, con lo cual intuyo otras que fueron omitidas porque, hasta donde sé, ni el níquel ni el azúcar apuntalan la economía cubana.

Omitidas por Murillo pero asumidas en blanco y negro por Raúl Castro en su discurso frente al parlamento la semana pasada, cuando se refirió a “afectaciones en las relaciones de cooperación mutuamente ventajosas con varios países, en particular con la República Bolivariana de Venezuela, sometida a una guerra económica para debilitar el apoyo popular a su revolución (…). A lo anterior se añade una determinada contracción en los suministros de combustible pactados con Venezuela, a pesar de la firme voluntad del Presidente Nicolás Maduro y su gobierno por cumplirlos. Lógicamente ello ha ocasionado tensiones adicionales en el funcionamiento de la economía cubana”.

Aplaudo que me lo digan así, en strike. Y me tranquiliza la determinación manifiesta de perjudicar al pueblo lo menos posible, que se traduce en mantener asegurados los servicios vitales, el equilibrio monetario in­terno, las medidas diseñadas para aumentar la capaci­dad de compra del peso cubano y el programa inversionista vinculado al desarrollo futuro de Cuba. Pero si no va a haber apagones kilométricos, ni una caída estrepitosa del transporte público, ni el cierre de servicios a la población, ¿cómo y, sobre todo, dónde van a aterrizar los recortes?

Lo preocupante —al menos para quien ya sufrió los 90— sería la incertidumbre, esa especie de sinvivir que angustia a los personajes de Juego de tronos y los induce a vaticinar con persistencia agorera: “Winter is coming”. En Cuba, para colmo, el verano es lo que viene. Ojalá fuera el invierno.

Gisselle Morales @gissellemr

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