El 5 de agosto de 1994 Fidel y el Pueblo aplastaron a la contrarrevolución

El cinco de agosto junto a la entrada del edificio donde radica el Comité Nacional de la UJC un compañero me extendió la pata de una vieja mesa,
– Toma camagüeyano que nos vamos a fajar – Y sin detenerse se incorporó a la concentración de pueblo que ya comenzaba a moverse rumbo a Malecón, me fui con ellos llevando la pieza del mueble como un garrote y el convencimiento de que gusano o delincuente que se pusiera delante iba a saber de que madera están hecha la juventud cubana, y la pata de la mesa.

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Los días que le antecedieron a ese fueron de mucha tensión, el ánimo se iba caldeando, los enemigos de la Revolución animando a su mejor aliado, el lumpem, conseguían crear un estado de incertidumbre y desorden. Pero el día 5 las cosas llegaron al limite, piedras, gritos, roturas de escaparates y de ómnibus, se parecía mucho a lo que vemos en las imágenes de los noticieros y que nunca pensabamos ver en Cuba.
Había sin embargo una singularidad: ni un solo carro lanza agua, ni gases lacrimógenos, ni policías disfrazados de marcianos con cachiporras, nada. Quienes salieron a la contienda fue el pueblo, los jóvenes, los constructores…
¿Qué querían el enemigo externo y sus aliados internos, aunque constituyan una reducida minoría? Querían provocar un enfrentamiento sangriento, querían que usáramos las armas. Y armas tenemos, armas tenemos para millones de personas, que son las que defienden la Revolución; pero tenemos armas para luchar contra los enemigos externos.
Excepto que desembarquen aquí, excepto que se empleen las armas internamente contra los revolucionarios, nosotros no tenemos por qué emplear las armas, teniendo el pueblo y teniendo las masas para mantener la estabilidad de la Revolución
(Fidel Castro 5 de agosto de1995)
Avanzamos por Malecón, cada vez éramos más, gritando consignas revolucionarias, enardecidos, bravos. Saliendo de unos portales se nos unió un grupo de mujeres,muy jóvenes, vestidas de camareras y con una bandera cubana.
Un rumor comenzó a subir desde la avanzada, un rumor inquietante: Por Paseo viene bajando tremenda manifestación y no sabemos si es amiga o enemiga.
Le pedimos a las muchachas que se pusieran del lado de adentro, así las protegeríamos más, pero ellas no accedieron. Cuando estábamos por arribar al punto de confluencias donde deberíamos encontrarnos con la manifestación que se aproximaba, el descubrimiento de la realidad sobrepasó todo limite de entusiasmo, quien llegaba, rodeado de pueblo era Fidel.
Yo vine entonces porque tenía que venir, era mi más elemental deber estar junto al pueblo, en un momento en que el enemigo había trabajado mucho tiempo para crear un desorden. ¡Un desorden! No se puede decir que aquello fue siquiera un intento de rebelión, fueron en realidad desórdenes (Fidel Castro 5 de agosto de1995
Lo vi subido al estribo del Jeep mirando a todos lados con rostro sereno, la gente aplaudía, gritaba vivas, saludaba llena de entusiasmo, muchos compañeros se le aproximaron, le contaban lo que estaba pasando, lo que había ocurrido, sus anécdotas y experiencias.
Los que tiraron piedras se escondieron, los que gritaron maldiciones se evaporaron, los pescadores en río revuelto se hundieron, los que revolvieron el río se desmoronaron.
Todos los años tendremos el deber de recordar la gran victoria del 5 de agosto de 1994 en que el pueblo aplastó la contrarrevolución sin disparar un tiro, porque dice mucho esta fecha, enseña mucho y alienta mucho. (Fidel Castro 5 de agosto de1995)

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