Gracias Pánfilo

Estudié Periodismo en Cuba. Por elección. Es la mejor profesión del mundo. También aquí.  Dos meses después de graduarme estuve frente a un micrófono en la Televisión Nacional, y yo soy solo una de tantos. He sido testigo de eventos históricos y he tenido la responsabilidad y la oportunidad de contarlo para una amplísima audiencia.

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Sin embargo, confieso que me gustaría trabajar en “Vivir del Cuento”. Si tuviera talento para escribir ficción, o para hacer reír, me encantaría participar en la creación de los guiones de ese programa, el de más audiencia de la televisión cubana.

Hace continuamente lo que yo quisiera ver en nuestra prensa. Muestra las contradicciones de nuestra economía, critica al carretillero que vende comida a un excesivo precio, y relata como nadie la pesadilla que es la doble moneda. Y llega más lejos todavía: tiene entre sus invitados al presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, que no se quiso reunir con la prensa nacional, pero sí asistir al programa humorístico.

“Vivir del cuento” no gusta solamente por hacer reír. Los cubanos se ven identificados con Pánfilo, el protagonista; Chequera, el amigo dicharachero; Cachita, la cuentapropista; o Chacón, el adinerado especulador. Se parece a nuestra historia de todos los días. Contradictoria, desafiante, austera, cambiante.

Pánfilo es como cualquier cubano que vive en Cuba y pertenece a esa generación, incluso a otras más jóvenes. Vive descubriendo los tiempos que cambian, le cuesta, pero va al parque a conectarse en la Wifi, y de vez en cuando se involucra en algún pequeño negocio, que suele salirle mal.

Demuestra que todavía queda nuestra más importante riqueza en la producción audiovisual: el talento de guionistas, directores y actores. Salen al aire con los mismos recursos que el más inadvertido de los programas, y sin embargo, el valor agregado que ponen sus tres guionistas, el exigente director, y sus brillantes actores, dejan claro que la televisión que gusta se puede hacer siempre que haya una buena idea bien ejecutada.

Reflejan Cuba con una narrativa que no encontramos en la prensa. Es verdad que no tienen rigores como la necesidad de acceder a fuentes siempre esquivas; no se les interpreta como el más oficial de los discursos; y al final… no importan, es ficción, no es la realidad. Y así, se llevan la audiencia que yo sueño esté a las 8 de la noche, pero realmente espera las 8:30.

La verdad, el Periodismo es lo que mejor se me da, y no me me atrevería a semejante intrusismo, pero, ahora mismo, yo quisiera trabajar en “Vivir del Cuento”. Porque no lo trajo nadie, ni es un invento desde los márgenes. Se produce y se transmite por la misma televisión que cada programa informativo. Si ellos pueden contar la Cuba que cambia, nosotros también.

Cristina Escobar

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